Soy una de las tantas que se alegro mucho con este regreso de Soda Stereo.
Luego de su separación, jamás había imaginado que iba a poder verlos.
Descubrí esta banda, allá por el año ’87 gracias a un grupo de pibas compañeras de 7° grado. Con solo 12 años eran fanáticas de Soda.
Ellas fueron las que incorporaron la música rockera de la banda en nuestros “asaltos”.
“Asaltos” en los que los varones llevaban la bebida, y las niñas la comida.
Siempre había alguna casa disponible, cuando no el club del barrio, para juntarnos con la excusa de un cumpleaños o festejar el día del amigo.
Cuando no había nada de esto, a veces, solíamos juntarnos igual con el pretexto de escuchar música y compartir un rato con amigos.
Ya nos habíamos hecho habitúes de algunos hogares, en donde los padres nos recibían encantados. Por un lado preferían que estuviéramos allí en sana diversión, y por otro lado, había padres que se enganchaban en la joda con nosotros.
En aquella época empecé a escuchar a Soda sin ninguna posibilidad de verlos en vivo. Con el tiempo seguí compartiendo y encontrando adeptos a la banda, y con gran tristeza viví la separación, sabiendo que ya sería imposible poder conocerlos.
Este año, al enterarme del regreso, primero dudé, con la típica excusa monetaria, pero luego dije: ¡Al carajo! Quizá sea la oportunidad que ya no esperaba y, tal vez, la última.
Me terminé de decidir con el pedido de mi hija para ir al show.
Julio también fue en su época adolescente un seguidor de Soda. Incluso él si tuvo la oportunidad de verlos en vivo.
Decididos los tres, por diferentes motivos personales de cada uno, sacamos las entradas y esperamos ansiosos el día. Ansiosos es una forma de decir, porque Julio sufre de anti-ansiedad. A Sol se le paraban los pelos y yo estuve a punto de comerme las uñas que tanto trabajo me costó dejármelas crecer.
Ayer, intentando tomar todo con la mayor calma, partimos rumbo al Estadio de River alrededor de las 18 hs. Luego del trajín de conseguir estacionamiento, la pateada de más de 10 cuadras hasta la entrada, de la bronca que me comí al pasar el primer control en dónde me hicieron dejar las 2 botellitas de agua que llevábamos para paliar la sed y refrescar la garganta, a las 19 hs. ya estábamos sentados en la parte más alta de la cancha.
Obviamente, lo del agua, no era a mí sola… Sino que a nadie se le permitía ingresar con bebidas, pero ahí nomás de pasado el control, ya estaban los puesteros vendiendo gaseosas, agua y algunos sospechosos alimentos.
Después de patear escaleras arriba hasta la platea alta yo ya tenía sed y una bronca a mares.
Luego de ubicarnos, no nos quedó otra que comprar una botella de agüita a tan solo $ 5.-
Buscando un entretenimiento, me puse a sacar fotos, intentando captar todo desde dónde estaba.
En un momento determinado, de algún lado, un grupo de gente comenzó a hacer la “ola humana”. Era espectacular desde dónde estábamos ver la coordinación de la gente. Pasó como 5 veces por nuestro lugar, hasta que empezó a haber un decaimiento general y se fueron cansando de a poco.
Tipo 9 de la noche recién arrancó el show.
No me pidan que recuerde el orden de los temas, pero si les cuento que me canté todo. A mi estilo por supuesto, y encubierta por alrededor de 70.000 personas que había en el estadio. Estábamos todos en la misma.
Cada uno hizo la suya, algunos aplaudían por demás, otros se “sacaban” bailándose todo, algunos saltaban en las tribunas pero todos compenetrados en la música que venía desde el escenario y pasaba por los grandes bafles ubicados estratégicamente en el estadio.
Lamentablemente atrás nuestro, había una señora que más allá de cantar a los gritos se la pasó hablando con un tipo que estaba al lado. Pretendimos cambiarnos de lugar, pero a esa altura ya era imposible, y lo peor de todo es que tenía una vos tremenda de “pito” que me sacaba de mis cabales.
Superados los pequeños inconvenientes, el resto fue un momento hermoso.
Un poco por la altura y otro poco por el miedo a la misma, yo salté en una sola oportunidad, pero la gran parte del show me la pasé parada delante de mi asiento. Eso sí, bailaba desde mi pierna izquierda y la derecha estaba fijada al piso como con un bulón pasante.
Cuando terminó y empezamos a bajar las escaleras, empecé a sentir tironcitos en la pierna, como si estuviera entumecida.
Sigo hoy día (lunes), con un gran malestar en la misma, pero… el hecho de haber podido estar en el regreso de SODA STEREO me provoca una gran satisfacción… y ¿Quién me quita lo bailado?
Marcela Echegaray, 22 de octubre de 2007
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