Cuento “El hombrecito de la esquina”
“No todo es lo que parece
y no siempre lo que parece es todo.” MSE

Manejaba por Riobamba casi llegando a Ramón Falcón cuando vi un hombrecito medio calvo parado en la esquina a punto de cruzar… O eso creía yo.
Le hacía señas al hombre que estaba parado en la esquina para que cruzara, pero él simplemente me ignoró. Solo estaba parado allí.
Me sucedió una y otra vez hasta que un día conversando con mi vecino Don Juan, le comenté este hecho tan curioso y allí me enteré de ésta historia:
El calvo hombrecito vivía en el barrio desde hacía más de medio siglo aunque nadie recordaba ya a ciencia exacta datos más relevantes que los que aquí se relatan.
Nadie conocía su nombre pero era sabido por demás de su aflicción eterna, algo así como un gran karma que lo perseguía y no le permitía ser. Sufría de agirofobia. Otros dirán dromofobia, pero los que saben dicen que es lo mismo.
Cuando Don Juan me dijo aquella palabra, simplemente me causó gracia pero luego de buscarla en el diccionario pude comprender mejor la dificultosa vida que llevaba mi casi vecino, el hombrecito calvo. El sufrimiento que padecía no era ni más ni menos que un persistente, anormal e injustificado miedo a cruzar la calle.
Desde que Don Juan y los demás vecinos del barrio lo conocían, el hombrecito se dedicaba solamente a dar vueltas a la manzana. Es así que iba al kiosco que estaba en la misma cuadra a comprar los cigarrillos negros que pitaba cada tarde sentado en la vereda de su casa; al almacén que se encontraba a la vuelta y a la panadería que estaba en la otra esquina.
Su vida giraba en torno a la manzana aquella.
Nunca se le había conocido mujer alguna hasta que un día se lo encontraron charlando en una esquina con la Sra. Miguela, recién mudada al barrio, buena moza, viuda y con 3 hijos mayores, 2 casados y uno soltero que vivía solo en un dpto. de Palermo City.
Al tiempo de aquel encuentro los vecinos comenzaron a murmurar cosas que luego se hicieron realidad. El hombrecito calvo estaba enamorado.
Solía vérselo charlando a los gritos con el “florero”que estacionaba su carrito lleno de jazmines, rosas y hermosas caléndulas en la esquina de Ayacucho y Falcón, cruzando la calle. Mediante los ruidos de los motores de colectivos que circulaban por allí y los bocinazos, él se hacía comprender igual para que el muchacho le cruzara un ramito de jazmines una vez por semana para llevarle a su enamorada.
Así se los veía dar vueltas a la manzana o quedarse horas charlando en el zaguán de la casa de alguno de los dos tomando mate o café en invierno y compartiendo alguna bebida fresca en verano siempre de muy buen talante los dos se les iban pasando los días, los meses y los años, en buena compañía.
Un día, lejano ya, tanto que ya Don Juan ha perdido la cuenta, él mismo, en persona, los vio discutiendo en la esquina sur de la manzana. Aplastado contra aquella puerta fatídica estaba el hombrecito, cuasi llorando, cuasi riendo, muy nervioso. Ella, Doña Miguela le reclamaba el hecho de no querer casarse con ella, siendo las dos personas libres, adultas y responsables por el simple hecho que él no quería cruzar la maldita, o bendita calle… ya a esta altura ella decía no saber que era mejor para su bien. Y a los gritos se fue alejando de la escena y Don Juan, pasmado por lo acontecido, sintió pena de aquel individuo pero no se atrevió ni siquiera a consolarlo. Le pareció incorrecto inmiscuirse en su intimidad, que a esta altura ya era la noticia del barrio.
Luego de aquella gran discusión el hombrecito intentó varias veces conversar con Doña Miguela pero ella lo esquivaba tan solo cruzando la calle y él se sentaba en el cordón de su vereda a esperar a que ella vuelva a cruzar. La esperaba en una cuadra y cada hora se iba mudando de asiento trasladándose al siguiente cordón, dando así, la vuelta manzana completa.
Cuando la veía volver por alguno de los cuatro puntos cardinales, su corazón comenzaba a agitársele amenazando con salir de su pecho. Pero allí volvía a sufrir de desilusión cuando Doña Miguela franqueaba su mejor lateral a paso firme hasta la entrada de su vivienda.
Y así se lo vio un largo período de tiempo al hombrecito, paseándose a la espera de tan solo una mísera palabra.
Pero jamás de los jamases se atrevió a cruzar la calle creyendo que iba a agonizar de miedo en aquel intento.
Ni siquiera lo hizo por afecto a la mujer amada aunque le aclaraba a quién quisiera escucharlo - ¡Yo hubiese dado mi vida por ella… pero sin agonía, por favor!!!
Marcela S. Echegaray - abril 2009
Este cuento lo publiqué originalmente en “Manejando en la calle y por la vida“
[ver enlace del cuento y comentarios del mismo]
Esta nota fué publicada el día Viernes, Abril 17th, 2009 a las 14:09 y está archivado en la/s Categoría/s: Creatividad, Cuentos . Puedes seguir todos los comentarios de esta entrada vía RSS 2.0feed. Dejar tu comentario o respuesta, y/o enlazar esta entrada desde tu blog.

MARISA dijo:
TRISTE CUENTITO…….
YO TENGO UNA FOBIA PARECIDA CON EL HECHO DE VOLVER A MANEJAR, PERO UNA DE MIS METAS PARA ESTE 2009 ES LOGRARLO!
VISITARE MAS TU BLOG PARA VER SI JUNTO CORAJE CUANTO ANTES.
CUANDO LO LOGRE TE CUENTO…BESOS (Y PERDON QUE MEZCLE) BESOS A TU MADRE
Luis dijo:
muy lindo cuento, Marcela…curioso…no soy muy amigo de las metáforas pero no pude evitar pensar en una metáfora lineal: todos tenemos alguna parcela de la cual no salimos. Evidentemente la parcela es el miedo, el escenario es una excusa. disculpa lo obvio de mi comentario pero es lo que me sugirió. Estoy acompañando a tu tío en una reseña que está escribiendo sobre el Club Defensa y es un gusto tratarlo…Yo, como elogio le dije un día, que es un ex funcionario que anda en bici y mirá lo bueno que pone en la nota al respecto. Cordiales saludos, Luis
lau dijo:
Marce, es genial como todo lo que te rodea, se que sos una sagitariana de ley y por eso en vos confío, éxitos totales, aunque ya los tenés, te quiero muchiiiiooooooooo!!!!
Marcela S. Echegaray dijo:
Gracias por los comentarios. Quizá deba actualizar este post algún día…
Marcela S. Echegaray dijo:
Ya actualicé el blog con las últimas novedades de ¨El hombrecito de la esquina¨ Gracias a todos!!